EL MONSTRUO DE VELHEM



  Lest Wassenhal fue un prominente profesor de Historia y de lenguas. Sin embargo es mucho más conocido entre el ciudadano común por haber sido enjuiciado y condenado tras haber sido acusado de ser el responsable de la muerte de unas 27 personas en un plazo de 9 años, aunque algunos lo consideran el supuesto asesino de alrededor de 40 personas, todas en la región de Haitt, provincia de Velhem. Lest nunca asumió ni negó su culpabilidad hasta los años recientes, cuando afirmó que para evitar que «pusieran palabras en su boca o se inventaran historias falsas», él estaba dispuesto a aceptar la responsabilidad por sus hechos, ya fuera que estos coincidieran o no con aquellos por los que se le acusó. No obstante, siempre denunció la forma en que fue enjuiciado y condenado, y emplazó severamente a sus captores.

  Por mucho tiempo, Lest accedió a conceder entrevistas a diversos medios, pero con el tiempo fue disminuyendo el aceptarlas, hasta que decidió rechazarlas por completo, pues consideró «estar harto de ser usado como prueba o chivo expiatorio para alimentar los estereotipos creados por los medios de doble moral, sensacionalistas  e hipócritas que plantean que las personas como él son simplemente monstruos, llenos de trastornos mentales y vidas difíciles, o con severos complejos de inferioridad que les produce la constante necesidad de llamar la atención». Con este enérgico, y para él completamente fundado rechazo, Lest se mantuvo inaccesible por bastante tiempo. Por eso sorprendió sobremanera que aceptase el ser entrevistado por el periodista y también profesor de Historia Jan Hennes, hace poco menos de un mes. Según la nota publicada por el diario Progreso, de Velhem, Lest había accedido a la petición de Jan, pues «conocía su obra, habiendo leído algunos de sus libros y estudios históricos, y aunque sabía que era un emisario más de los medios comunes en búsqueda de primicias, aún lo consideraba una persona culta, quizás objetiva, con un genuino deseo investigativo propio de los docentes, y digna de contar y aclarar muchas ideas equivocadas que se habían tejido en los últimos años, y contar lo que nadie ha contado».

  El encuentro tuvo lugar hace dos semanas, en el sitio de reclusión donde se halla Lest, y fue un intercambio bastante fructífero, según lo catalogó el propio profesor Hennes, pues «pudo conocer al hombre detrás de la bestia conocida por el público». La entrevista ha sido publicada por el mencionado diario Progreso, en su edición de hace dos días, e inmediatamente suscitó la polémica entre los lectores.

  Desde hace tiempo quería conocer a Lest Wassenhal. Muchas personas conocen su historia, sus crímenes y su condena, pero creo que nunca han tenido la oportunidad de conocer de primera mano al hombre detrás de tanta brutalidad y el causante de tanto dolor. Durante años estudié su caso, tratando de desentrañar los misterios de una mente perturbada, de la violencia, del asesinato. Aún me cuesta trabajo comprender como un ser humano puede llegar a semejantes extremos de depravación, máxime si se trata de un individuo preparado, maestro, renombrado, alguien útil a la sociedad. Por eso desde hace tiempo he tratado de conocer personalmente al señor Wassenhal, poder comprender su pensamiento, sus decisiones.

  Tras varias negativas, finalmente se me comunicó la autorización para visitar a Lest en la institución donde se encuentra recluido, por lo que rápidamente partí hacia el lugar, no sin cierta sensación de nerviosismo, no precisamente motivada por observar de frente a un connotado asesino, sino por el hecho de no saber a ciencia cierta cómo transcurrirá el dialogo, cómo será el estado de ánimo de mi interlocutor, si obtendré buenas respuestas…de hecho voy a adentrarme en lo desconocido.

  Una vez adentro, tras esperar algunos minutos, en un pequeño salón de visitas donde tendría lugar el encuentro, finalmente vi en persona a Lest Wassenhal. Era un individuo alto, un tanto delgado, de porte orgulloso, que a pesar de los años de encierro, aún no presentaba signos de envejecimiento o de deterioro. Me observó durante unos segundos, y con una leve sonrisa me tendió la mano como saludo. Aún pensando en las víctimas de sus atroces crímenes le estreche la mano, nos sentamos frente a frente, a cada lado de una de las mesas del salón. Saqué algunos documentos, y mi grabador, intercambiamos algunas palabras introductorias de temas menos trascendentes; su voz era grave, profunda, curtida en tantos años de magisterio, pero hablaba de manera pausada, en voz baja. Tras accionar el grabador, comencé la entrevista:

  Mucho se ha hablado y escrito sobre el llamado “monstruo de Velhem” y sus crímenes, y sobre como la sociedad pudo respirar tranquila el día en que fuiste atrapado, ¿qué piensa usted sobre eso?

  Sí, mucho se ha hablado y escrito sobre el denominado “monstruo de Velhem”, justamente el monstruo que construyeron para poder volcar su ira y su falsa moralidad. En el mundo real no existen los monstruos. Yo no soy un monstruo. Soy un ciudadano más que hizo algunas cosas malas, o tal vez deplorables, ya que el mal es un concepto muy subjetivo. Verás, nadie es esencialmente bueno o malo, eso es imposible en la naturaleza humana. Los individuos catalogados como buenos tienen su lado oculto, su lado malvado, y los individuos catalogados como malos son capaces de grandes actos de bondad, solo que nunca se les suelen reconocer. Ya no es tan sorprendente descubrir las cosas horribles que han hecho destacadas y prominentes figuras, entiéndase buenas, amparadas precisamente en esa máscara pública de filantropía, o heroísmo. Algunas incluso permanecen disfrutando de la total impunidad. Pero es más fácil hablar de monstruos, a los cuales se les niega la posibilidad de la palabra, y desatar sobre ellos todo el arsenal que no se puede, o no se debe desatar sobre otros, a fin de cuentas, solo son monstruos, no son personas, ¿cierto?


  Se le acusó y juzgó por la muerte de 27 personas, y algunos consideran que podrían haber sido más, ¿se has sentido culpable o arrepentido en algún momento?

  No hablaré de números, pero sí, soy culpable, yo lo hice, no temo a reconocerlo, de todas maneras es la verdad, y todos lo saben, por lo que es preferible que la afirmación venga de mí a que venga de otra fuente cualquiera. Si te refieres a si me siento culpable, en el sentido de sentirme mal, o afectado, o acosado por los recuerdos, pues no. Confieso que obviamente no me siento demasiado orgulloso de mis acciones, pero tampoco me siento arrepentido. Cada cual debe vivir y asumir las consecuencias de sus actos. No sirve de nada el arrepentimiento, no cambia nada. Solamente es lo que la retorcida moral colectiva desea escuchar para de alguna manera egoísta sentirse mejor consigo misma.


  ¿La retorcida moral colectiva?

  Cuando alguien muere, generalmente solo se recuerda y se cuenta lo positivo acerca del fenecido, aún cuando esto sea escaso o nulo, Se organiza un velorio en el que los conocidos del fallecido muestran su dolor y le brindan un “último adiós”¿Cree que lo hacen porque en realidad les importaba en vida quien yace en el ataúd? Por supuesto que no, el velorio es para ellos, para sentirse bien con ellos mismos, para “cumplir”, como si fuese un deber social, lo que los autoriza a olvidar al difunto en poco tiempo, o traer de nuevo todo lo malo que se pueda hablar de lo que fue en vida, para que todo vuelva a la normalidad. Y ese es solo uno de los incontables ejemplos, se lo menciono pues fue el primero que me vino a la mente, pero pudo ser prácticamente cualquiera.


  Hablemos de lo que hizo que estuviera aquí, hablemos de las personas que ultimaste. Seguramente se lo han preguntado muchas veces, pero quiero hacerlo de todas maneras y escucharlo de usted: ¿Por qué? ¿Qué le llevo a dar muerte a esas personas? ¿Sintió la necesidad de hacerlo?

  Podría sorprenderle, o quizás escandalizarle, usted me pregunta el por qué, yo le diría ¿por qué no? En realidad no hay una razón específica, ni una necesidad o impulso. Piense en ir de compras, quizás lleve una lista con lo que necesite, pero al final termina comprando un montón de cosas más que no tenía pensadas, que decidió justo así, y ¿por qué? Son cosas que no necesitaba en primer lugar, pero allí están, en las bolsas que carga quizás con dificultad, y todo porque simplemente quería algo, y podía tenerlo, quizás usted ni siquiera sabía que lo quería antes de verlo, pero podía tenerlo y nada se lo impedía. En mi caso fue algo similar. Sí, antes de que lo pregunte, ya sé lo que está pensando, sé que eran personas “inocentes” en su mayoría, buenas, algunas con familias, familias que supuestamente quedaron destrozadas por mí. Pero como ya le dije, no me siento demasiado afectado, sé lo que hice, esas personas ya no están, debido a mí.


  ¿Pero por qué acabar con ellas? ¿Cree que lo merecían?

  Tal vez si, tal vez no, está muy instalada la máxima de que «nadie merece morir », pero con ese criterio, nadie merece vivir entonces. Vivir no es nuestra decisión en primera instancia, sino la de nuestros padres, que crean nueva vida con el fin de hacer las suyas más felices. Sin embargo, lo que se hace con la vida que nos es dada importa, a menudo más de lo que se cree, en consecuencia, muchos merecen morir, a otros la muerte les llega, pero hay muchos jueces y verdugos. Algunos de los que maté merecían la muerte, tal vez otros no. Pero, ¿es Lest Wassenhal, el monstruo, el único responsable?
La sociedad en que vivimos es un podrido agujero de corrupción, de decadencia, donde no queda la esperanza de tener un futuro; cuando eso se pierde, aparecen todo tipo de manifestaciones de una sociedad estancada que se hunde. La moralidad y el fanatismo colectivo se convierten en un gran peligro. La ignorancia hace que cualquier creencia se acepte, y la hipocresía generalizada se hace tan común que es lo que mueve diariamente a los seres humanos, cuya voluntad individual es solo una ilusión que sus mentes le brindan en ese medio hostil. Ante esas condiciones, es la propia sociedad de hipócritas quien fabrica a sus hijos de la corrupción y la decadencia, a los que luego suele señalar como sus peores enemigos. Hay muchos Lest Wassenhal, los seguirá habiendo, es inevitable. Es el fruto de una planta podrida. Sí, era mi mano la que quitaba esas vidas, pero un mecanismo mayor el que movía mi brazo. Ese es el verdadero monstruo.


  ¿Cómo seleccionaba a sus víctimas? ¿Cuándo seleccionaba a alguien, ya sabía que moriría?

  No había un criterio especial  de selección. Hasta cierto punto las personas se elegían a sí mismas, aunque no sé si usted puede comprenderlo. Por mi trabajo y experiencia, soy bueno leyendo a las personas. Por otra parte, resulta inexplicable. Un niño ve dos juguetes iguales, quizás solo con diferente color o alguna otra muy pequeña característica distintiva, y uno le gusta más que el otro, sin saber en realidad por qué ese y no el otro. La gente puede actuar de manera determinada, proyectar un personaje, pero tarde o temprano sus verdaderos deseos los delatan. Yo puedo ver eso. Usted por ejemplo, entró aquí pensando obtener una gran entrevista, y sabe que lo es, aunque parte de su ser desearía no estar aquí, no tener que conocerme, que verme, que escucharme; pero por otro lado sabe que lo que pase hoy podría ser importante para su carrera, y eso lo mantiene emocionado. Y ha ido desapareciendo ese cierto temor que tenía al empezar conmigo y que le parecía infundado y hasta vergonzoso. Sí, podría decirse que elegía a mis objetivos al azar, aunque el mismo azar proveía las condiciones, no tenía blancos previamente elegidos. Y no, no había manera de saber lo que pasaría con ellos, cada persona es un mundo, según dicen, y en eso creo que tienen algo de razón.


  ¿Y cómo lograba someterlas? ¿Utilizaba alguna droga o herramienta?

  Sé que han hablado, y mentido, mucho sobre eso, y le confieso que en muchas ocasiones me he dejado llevar y le he seguido el juego a las conjeturas, eso me divierte. Pero lo cierto es que nunca tuve que utilizar ninguna droga, y como ya seguramente sabe, al igual que todos, jamás tuve que utilizar una herramienta, ni siquiera para terminar las vidas. Es ilimitado el poder de las palabras, tanto como lo es de infravalorado. Las palabras, cuando son las correctas, son más efectivas que las armas. Dígale a una persona desesperada las palabras justas que desea escuchar y la tendrá a su entera merced. La esperanza es algo muy fuerte a lo cual aferrarse, y la promesa de esperanza es, sin dudas, la más poderosa de las herramientas.


  ¿Llegaba a sostener un vínculo o relación emocional con las personas bajo su control?

  No del todo, era una mera relación circunstancial, estábamos en el mismo lugar y momento, más allá de eso no había ningún otro vínculo o relación en especial. Tampoco voy a intentar engañarme y engañarlo diciendo tonterías tales como conexiones espirituales o cosas por el estilo. Esas son solo justificaciones de personas trastornadas, tan falsas como los dioses que suelen intentar invocar, dioses salidos de la ignorancia y la depravación más repugnante. Soy bueno observando a las personas, y le encantará esta frase, tal vez hasta la use como titular o como cita destacada: Soy bueno dominando a las personas, porque a las personas les gusta ser dominadas. Quizás prefieran pensar que son dueños de su destino, pero, en su fuero interno, claman por un guía, un instructor, acaso un amo, que les evite el tener tomar decisiones que los aterran, y les facilite sus vidas. Yo no soy un guía, tan solo soy un hombre que hizo cosas socialmente punibles y por las cuales estoy pagando.


  ¿Había odio, rencor personal hacia sus víctimas en algún momento? ¿Ha pensado en sus familias?

  Yo nunca tuve ningún tipo de odio o problema personal con esas personas. Solo hice lo que hice, nunca fue personal. De hecho, si ahora mismo tuviese el poder de traerlos de vuelta y que continúen sus vidas normalmente, no tendría problema alguno en hacerlo.


  ¿Cómo un hombre tan preparado, eminente docente y formador, puede ser además un prolífico victimario?

  Como ya le he dicho, yo soy solo el producto de la sociedad en que siempre he vivido. Sí, desde que puedo recordar traté siempre de luchar contra ese corrupto orden establecido, más bien impuesto, y no he dejado de luchar, esa es la batalla de mi vida. Estudié todo cuanto pude, y lo sigo haciendo, nunca se debe dejar de estudiar y aprender. Me hice maestro, y siempre traté de formar a mis estudiantes como hombres y mujeres dignos, conscientes, preocupados por cambiar las cosas. Pero también soy humano, y parte de esa misma sociedad, y tarde o temprano los instintos humanos salen a la luz, de una forma u otra. Algunos logran controlarlos más, otros menos, otros simplemente no desean hacerlo y los dejan fluir naturalmente. ¿Sabe algo? Una de las personas que hice desaparecer fue una vez alumno mío, aunque para el momento en que nos encontramos de nuevo era irreconocible, no quedaba en el vestigio alguno de aquel que tuve en mi salón de clases por un tiempo. Era alguien introvertido y reservado.


  Y tras ser atrapado, tras todo este tiempo de confinamiento, ¿no se arrepiente? ¿no siente remordimiento por todo el mal y el dolor que causó?

  Sí, lo entiendo, me atraparon, y ahora quieren exhibirme como un monstruo, ¿cree que no sé que quienes vienen a entrevistarme lo hacen con un marcado sentido de superioridad? Para usted y para ellos yo soy solo una criatura repugnante, y  me tratan como un fenómeno, como un simple, y horrible, sujeto de pruebas, pensando en que su inteligencia superior es la indicada para sacarme algunas nuevas confesiones o datos perturbadores y sensacionalistas.
Todos creen que al conversar conmigo me hacen un favor, al darme la oportunidad de ser escuchado y aliviar el confinamiento. Yo en realidad no necesito nada de eso. Yo no los invito, desesperado por tener alguien dispuesto a escucharme. Ustedes vienen por sí solos, porque quieren mostrar al monstruo enjaulado, y pavonearse de su triunfo, y de paso denigrarme aún más, a fin de cuentas, yo soy una bestia inferior ¿no? Incluso usted, que ahora frente a mí luce tan correcto y respetuoso, tratando de hacer su trabajo aunque no pueda ocultar del todo que se siente superior ni su desprecio hacia mí, estoy seguro de que cuando haga pública esta entrevista, lo hará con un título sensacionalista y completamente despectivo y denigrante hacia mí, pero que le garantizará la connivencia y aprobación de la sociedad. Eso es lo único que le interesa en realidad.


  Puedo afirmar, sin lugar a dudas, que ha sido un diálogo bastante esclarecedor, en verdad siento que de algún modo lo he llegado a conocer realmente. Hay algo que siempre me he preguntado, y que se han preguntado todos, incluyendo los familiares de los fallecidos. Nunca dio detalles sobre cómo fueron los últimos instantes de las víctimas, y a algunos les serviría como una especie de clausura en medio del dolor , ni tampoco habló sobre cómo fue o precedió en esos momentos.

  Es cierto, nunca revelé esos detalles, y no tengo intenciones de hacerlo. Prefiero mantenerlo en mi intimidad, en la quietud de mis recuerdos, imperturbables. Se ha hablado mucho sobre mí, se ha conjeturado mucho, se ha mentido mucho, A veces yo mismo conté cosas que jamás pasaron, era parte del juego. Pero hay cosas que no deben contarse. Sí, ha sido un dialogo esclarecedor, sé que se va complacido, quizás no ha obtenido lo que esperaba pero no se marcha con las manos vacías. Sé que está ansioso por publicar esta historia y ver su nombre en los encabezados. Y quizás debe hacerlo, es un hombre serio, honesto, aún a tiempo de salvarse del abismo, un raro espécimen para estos tiempos. Y debe cuidarse, eso le traerá problemas seguramente, y deberá resistir, si quiere mantener su integridad. Manténgase firme.


  Y salí del lugar, tras despedirme de Lest Wassenhal, aún consternado por sus palabras, con la frialdad con que las expresó, la tranquilidad con que hablaba; me sorprendió mucho el hecho de que no expresó jamás remordimiento o arrepentimiento sincero, y no puedo dejar de pensar en las familias destruidas de sus víctimas. Mas, por otro lado, creo que he cumplido mi cometido, he logrado conocer al monstruo, y ahora el resto del mundo podrá conocerlo de igual manera, ser testigos de una mente feroz, despiadada, y comprender cabalmente lo que podemos llegar a ser cuando perdemos nuestro camino. No olvido las palabras de Lest, creo que pasará mucho tiempo antes que logre olvidarlas, muchas resuenan aún en mi mente. Pero sé que he hecho algo útil y necesario: mostrar los rostros más oscuros y siniestros de nuestra sociedad, para que no los olvidemos, y tratemos siempre de ser mejores, y entre todos, construir una sociedad mejor.

Jan Hennes


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4 Comentarios

  1. Me inclino ante ti, has logrado poner en jaque una sociedad enferma que avanza a su paso y aun así conseguir que un asesino suene del todo coherente. ¿Y porque no iba serlo? ¿Motivos? ,me llama atención porque todos buscamos un motivo para las cosas, un porqué y un cómo. Me he quedado helada con algunas de las cosas que has expresado es que , es magistral. Se que, este comentario será uno más. Pero me ha sorprendido gratamente tu relato que se resuelve de muy buena manera y además hace reflexionar de todas, todas.

    ¡Felicidades josher! es un relato magistral. Muy buena tinta. Sigue así.

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    1. ¡Muchas gracias! Me alegra que te haya llegado de la manera exacta en que lo pensé. Y no, tu comentario no es uno más, pues me he sentido muy orgulloso al leer tus palabras, y son de las que me impulsan a seguir escribiendo, sabiendo que mis letras hacen reflexionar. Así que te reitero el cordial agradecimiento.

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